sábado, 2 de abril de 2016

Sopla tus velitas, noble Sultana

Nuestra querida ciudad Capital cumple 448 años desde su fundación y esto nos debe llenar de orgullo tanto para los que nacimos en esta tierra como para los que, por azares del destino, han decidido venir desde distintas partes del país o del mundo a vivir a esta noble ciudad, donde cada calle, plaza, boulevard, urbanismo, caserío, parque o zona popular nos transporta fácilmente a un pasado que se cruza con nuestro día a día de una manera tan profunda y brumosa que el límite entre ambos espacios temporales se difumina hasta el punto de poder perdernos en una espiral entre la Caracas de los techos rojos y la Caracas urbanizada de nuestros tiempos.

Este aspecto no se reserva solamente al centro de la ciudad, donde basta con caminar cerca de la Plaza Bolívar o subir tranquilamente hacia el Panteón Nacional para sumergirnos en el antaño caraqueño, sino que cada punto, así sea el más distante guarda una historia que solo debemos revisar con mucho cuidado para darnos cuenta de su pertinencia y su vitalidad entre un presente que decide devorarse con desdén cada recuerdo de la ciudad, como ocurrió durante cierto tiempo con la Casa del Vinculo, que estuvo presa de los comercios hasta su reciente restauración como espacio histórico de amplio valor para nuestra identidad nacional y caraqueña; dándonos así el compromiso constante de que no debemos bajo ninguna circunstancia que nuestro pasado sea borrado como si fuera una basura inútil en alguna hoja de nuestro cuaderno de estudios, sino darle el valor concreto de aquello que nos sirve como recuerdo permanente de lo que debemos hacer y lo que debemos evitar para tener un futuro promisorio.

Caracas es una ciudad que a lo largo de su historia ha mostrado una metamorfosis impresionante, donde se puede encontrar un fragmento considerable de cada país del mundo con solo revisar con mucha atención, nuestra mezcla va mas allá que el conocido y forzado mestizaje colonial; el caraqueño ha aprendido a convivir en una extraña pero aparentemente perfecta armonía con el estilo cultural y social de cada habitante del mundo, aunque los extranjeros siempre se encontraran con particular confusión un estilo de vida y comportamiento que es imposible comparar con otro país del mundo, por lo que se mantienen en un constante y exhaustivo estudio de campo de como es ser venezolano, o más especifico: ser caraqueño, un sociólogo podría tener material durante toda su vida y sin embargo no lograría englobar lo complejo pero único que significa nuestro gentilicio.

Por esto y mucho más nos debemos considerar afortunados de haber nacido en esta preciosa tierra que siempre muestra su mejor rostro a aquellos que tienen la gallardía o picardía de ver mas allá de la superficialidad que de vez en cuando trastocan su belleza y darse cuenta que la ciudad ofrece una belleza para todos los gustos y que es incapaz de defraudar al visionario más exigente, me parece que ya los caraqueños nos pusimos a la mesa en tu celebración así que no esperes mas, tus 448 años los llevas con orgullo, apaga tus velitas, noble sultana

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