sábado, 2 de abril de 2016

Por la Esquinas te recuerdo (Parte 3)


La esquina de La Pelota: poco antes de la entrada en funcionamiento de la Compañía Guipuzcoana en el lugar donde se ubica esta esquina se comenzó a construir una muralla para proteger la ciudad. La obra quedó inconclusa porque no contaba con el apoyo de los caraqueños.

Con la entrada en funcionamiento de la Compañía Guipuzcoana, los vascos, trajeron sus costumbres y al encontrarse con esa estructura amurallada, eligieron ese lugar para practicar su tradicional juego de pelota, luego de hacerle las adaptaciones necesarias. Esa fue la primera instalación deportiva conocida en la historia de Caracas. Desde entonces se llamó el lugar “la calle de la Pelota” y luego “la esquina de la Pelota” hasta nuestros días.



Esquina de “Los Traposos”

Adquiere su nombre por la desafortunada familia que allí residía. Después de contarse entre los acaudalados de la época, acogieron un infortunio de riqueza que los condujo a la miseria, generando compasión entre sus vecinos quienes tuvieron la precaución de recolectar ropa que les enviaron para que cubrieran sus cuerpos.

El cronista Enrique Bernardo Núñez apunta que el primer ceremonial que rigió la publicación del Edicto de la Santa Fe y Anatema, el tercer domingo de Cuaresma de 1779, se menciona la calle de “Traposos”, entonces de “José Francisco Landaeta”, y Lucas Manzano expone “lo nada poético del nombre con el cual los mantuanos la estamparon”. 





El cementerio del Oratorio de San Felipe Neri, que ocupó el lugar donde hoy se encuentra el Teatro Nacional, exhibía unos cipreses, retoño del que figuraba en la tumba de Napoleón, traídos por el señor Rudolf Dolge a Caracas que admiraron a Humboldt y dieron nombre a la esquina llamada anteriormente de “Juan Clemente”. Los cipreses, Cypresus sempervirens, tradicionalmente han sido utilizados como ornato en los necrópolis, desde los tiempos de la antigua Roma.

El sitio donde se encuentra actualmente el templo de Santa Teresa, existió el Oratorio y el convento de los monjes neristas rodeado por los particulares ciparisos, esta calle era muy frecuentada por los músicos Ambrosio Carreño, Juan Manuel, Juan Bautista Olivares, Marcos Pompa, Juan José Landaeta, entre otros artistas, “maestros y alumnos todos de la Escuela de Música “San Felipe”. Comentan los cronistas que era corriente observar al padre Sojo en su mula rucia recorrer “San Antonio de los Altos” donde tenía un fundo de café; retornando nuevamente para impartir sus armoniosas clases magistrales. 



Esquina de “Muñoz”

Debe su nombre al Doctor Miguel Muñoz y Aguado, quien ocupaba el cargo de Examinador Sinodal del Obispado Provisor en 1747, según el cronista Blas José Terreno, era un hombre desalmado. Fue precisamente el Dr. Muñoz quien, en virtud de Real Cedula de Carlos III, fechada en San Lorenzo del Escorial el 2 de noviembre de 1773, firmó el edicto del 6 de julio de 1774 que limitaba el derecho de asilo de los reos a las iglesias Altagracia y San Pablo, entre otros sitios, la casa solar de los Arquinzones, en la actual esquina de Maturín.

La esquina de Muñoz, tuvo una pila de agua desde 1786, Don Juan José de Landaeta, músico, a quien se le atribuye la composición de la canción patriótica “Gloria al Bravo Pueblo”, había pedido que, en vista de hallarse las aguas del Caroata infectadas “con las bascosidades que arrogaban las carnicerías adyacentes y no serle posible servirse de dicha agua”, se le concediese una pulgada de este elemento para una alcantarilla en la medición de la calle que corre de la esquina del Doctor Miguel Muñoz para Carguata y en un solar que ha ofrecido uno de los vecinos. Estos, por su parte, han reunido una contribución que alcanza a 167 pesos con 6 reales.


Esquina de Carmelitas

Originalmente distinguida como “San Mauricio” por la ermita construida, en 1577, en honor a este santo, para que intercediera contra la plaga de langostas que azotó a Caracas, al poco tiempo de fundada. Esta capilla fue destruida por un incendio, y la imagen del patrono trasladada a la capilla de San Sebastián, hoy, “Santa Capilla”. En el año de 1725, vivía en una casona, situada al sur de la iglesia de Altagracia, doña Melchora Josefa de Ponte y Aguirre, quien para aquella fecha solicitó y logró del Rey, convertir su morada en un convento dedicado a las “Carmelitas Descalzas de Santa Teresa”. 

Pasarían siete años para que llegasen de México, junto con el obispo Juan Félix Valverde, las primeras religiosas. Apenas instaladas, sobrecogió a las monjas un terror misterioso, - señala Don Blas José Terrero- que nada las calmaba. Fue tal el escándalo sobre apariciones que animaron al cura de la Catedral a escribirle al Rey exponiéndole las dificultades que se presentaban para la fundación del convento. El monarca, por Cedula expedida en Sevilla en 1732, ordenó suspender la fundación, dando consentimiento para que las religiosas regresaran al país azteca. Quedándose la superiora, quien se ofreció a continuar la obra.


Por la Esquinas te recuerdo (Parte 2)

Esquina de Padre Sierra: es una de las pocas que conserva el nombre que se le diera en la época de la colonia, hace más de trescientos años. Se le denominó así en honor de don Joseph de Sierra, capellán de las Monjas Concepciones, quien en 1766 vivió en la casa que se ubicaba en este lugar.

El Padre Sierra fue un hombre muy humanitario, que hizo un gran trabajo durante la epidemia de 1766, al ayudar a curar a los enfermos poniendo en riesgo su propia vida. Una actitud similar demostró el 21 de octubre de ese año, al socorrer a las víctimas del terremoto que sacudió a Caracas.


Esquina de El Chorro: son las andanzas de los hermanos Juan y Agustín Pérez las que le dan el nombre a esta esquina. Juan y medio y Agustinillo, como eran conocidos en la Caracas de 1812, eran canarios y realistas. El primero era el encargado de encender los faroles públicos, y se contaba entre los personajes que intentaba derrocar cualquier gobierno patriótico que tomara el poder.

Agustín, por su parte, tenía fama de ser el rey de los ‘guaraperos’, se decía que preparaba la mejor bebida de piña y papelón de la ciudad. Su negocio, que se encontraba en el ángulo suroeste de la esquina del mercado de la Plaza de Armas, contaba con un sistema de despacho único. Había diseñado un aparato o envase giratorio, con una llave hacia la calle y un cántaro colgante, que estaba sujeto a una cadena. Agustín podía despachar a sus clientes sin abrir la puerta, con tan sólo soltar la llave al momento de escuchar el sonido que hacía el centavo al caer en una alcancía. Como aparentemente el jugo salía solo y brotaba como un chorro, la esquina tomó ese nombre.


Esquina de Cristo al revés: a mediados del siglo XIX vivió en Caracas un hombre cuyo trabajo era coser media-suelas a los zapatos de los vecinos. Este zapatero se dedicaba día y noche a clavetear y coser artísticamente zapatillas de tacón Luis XV o botas de los soldados del cuartel cercano; era un buen trabajador que contaba con gran clientela. Este hombre tenía particulares creencias religiosas, estaba seguro de que castigando al santo de su devoción obtendría más rápido sus favores. Este personaje le tenía mucha fe a Cristo, por lo que en lo más alto de su cuarto de trabajo ostentaba una imagen de madera de éste, con el fin de que fuera testigo de sus buenos y malos momentos.

Un día comenzó a bajar el trabajo porque un competidor se instaló a pocas casas. Entonces, nuestro zapatero colocó cabeza a bajo la figura de Cristo para castigarlo por no proporcionarle clientela. Desde ese día, los habitantes de nuestra capital denominaron de este curioso modo la esquina en la que se encontraba el negocio.


Esquinas de El Peligro y Pele el Ojo: en el siglo XIX el lugar que ocupan actualmente estas esquinas era un campo abierto con algunas chozas, donde de día pacía el ganado y de noche se ocultaba una banda de delincuentes que vivía de robarle las pertenencias a los inocentes transeúntes. La tradición indica que fue algún vecino quien bautizó el sitio como El Peligro, por las terribles consecuencias que sufría aquél que se atreviese a pasear por la zona.

En la esquina opuesta instaló un bodeguero su negocio, y lo llamó "Pele el ojo al peligro". Pues, según él, constituía una advertencia para evitar que las personas cayeran en el peligro.


Esquinas de Las Ánimas: este sitio debe su nombre a una leyenda que surgió en la Caracas del siglo XIX, cuando la oscuridad y soledad de las calles avivaba la imaginación de sus habitantes. Se dice que a altas horas de la noche se podía escuchar un coro de voces fúnebres y monótonas, que entonaba el ave maría del rosario. Una vez un grupo de curiosos, salió a la calle para descubrir la identidad de los cantores y se encontró con numerosas sombras con túnicas blancas, que llevaban hachas encendidas. Aseguró que se trataba de las ánimas del Purgatorio que habían salido a orar y hacer penitencia.


Esquina El Muerto: Hay una esquina llamada El Muerto, que debería estar asociada a algún desastre. Sin embargo, no es tan siniestra como se podría esperar. Durante la llamada guerra de los cinco entre los centrales y los federales, ocurrían batallas en las calles de Caracas. Sin embargo, las personas que no estaban involucradas cerraban las puertas de sus casas y no salían por ningún motivo, por lo que la mayoría de los heridos morían por falta de atención. Luego, cuando terminaban las batallas, pasaban un grupo de camilleros en unos carruajes a caballo para recoger los cadáveres para darle su santa sepultura. Una vez mientras se recogía a un cuerpo tirado en el suelo en esta esquina y cuando se disponían a cumplir con su triste deber, de repente se levantó el cadáver y con una voz temblorosa les dijo: " no me lleven a la tumba, que todavía estoy vivo". Los camilleros lo dejaron caer y huyeron despavoridos. 

Este hecho fue considerado como una obra del diablo y el cuento fue recorriendo la ciudad de boca en boca. Los vecinos del lugar solían detenerse para indicar a los visitantes diciéndoles: " esta es la esquina donde se levantó el muerto", y poco a poco la esquina comenzó a ser conocida por su nombre actual: La esquina El Muerto.



Esquina Angelitos: En esta esquina, la imaginación del pueblo consolidó ese nombre que parecía ser de mucho antes de la anécdota. Dicen los pobladores de la ciudad, que el presidente Páez en sus ejercicios de patriota, cortejaba una mujer ajena en aquel lugar. Para no ser sorprendido in fraganti en actos alevosos de machismo que le podrían acarrear enfrentamientos, en esa misma esquina que sigue teniendo aquel nombre, colocó un grupo de guardias, bien armados, cuya misión era impedir la llegada de "chaperones" o visitantes no deseados. Aquellos "angelitos" apostados en plena calle trascendieron a la historia de la ciudad sirviendo de epónimos de esa esquina.

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Por la Esquinas te recuerdo (Parte 1)

Aquellos que vivimos en Caracas conocemos muy bien a que a lo largo de las diversas cuadras que rodean el casco histórico de la capital se aprecian el símbolo más antiguo de la creatividad caraqueña: Las Esquinas de Caracas, aquellos espacios donde, por distintas situaciones, anécdotas, personas o sencillamente ordenamientos coloniales tenían nombre que podían inspirar cierta solemnidad o la más grata jocosidad del caraqueño, haciéndolas mucho mas amenas a la hora de pedir las direcciones.

En este caso analizaremos 7 esquinas de Caracas con el respectivo significado para comenzar un recorrido para desentrañar la historia de estos espacios que se han vuelto parte indispensable en la idiosincrasia del venezolano:

Esquina de Sociedad: Esta debe su nombre porque allí se encontraba a principios del siglo XIX una casona con puertas de madera, zaguán de huesitos, corredor de ladrillos y un gran jardín rodeado de elegantes pilares, en la cual se instaló en 1811, la “Sociedad Patriótica”, factor decisivo en el establecimiento de la República de Venezuela, donde se escuchó por primera vez a Simón Bolívar motivar al pueblo a buscar la Independencia de España. Personajes como Francisco de Miranda, Miguel Peña, Antonio Muñoz Tébar, Francisco Espejo, los hermanos Salías, Vicente Tejera y Coto Paul, entre otros, se reunieron en este sitio para buscarle una solución a la opresión que vivía Venezuela en aquél momento. Discutían contra las incertidumbres de los Representantes al Congreso y exigían la Declaración de la Independencia.


Esquina de Gradillas: En este punto existían unas gradas o “gradillas” que bajaban a la Plaza de Armas o Plaza Mayor en la época de la colonia (hoy Plaza Bolívar), el primer registro oficial del nombre de esta esquina data del año 1572 cuando fueron enviados los primeros planos de la ciudad al Rey.

Esta es una de las esquinas más importantes de la ciudad por encontrarse en el verdadero corazón de Caracas, diagonal a su plaza principal y por ser unas de las primeras bautizadas por la voz popular.


Esquina Principal o Esquina del Principal: Esta esquina fue conocida en los tiempos de la colonia como Cárcel Real, ya que allí se encontraba una prisión para reos del Estado, que fue clausurada luego que un hundimiento del suelo permitiera a los transeúntes observar los cuerpos y huesos de algunos presos que permanecían colgados de cadenas ancladas a paredes y techos.

Luego adquirió su nombre en 1785, cuando en ese punto de Caracas se funda el Teatro Principal, por haberse encontrado allí la sede de la Guardia Principal que defendía la ciudad de los ataques piratas. Por eso es llamada de esa manera.


Esquina de La Torre: Debe su nombre a la torre de la Catedral de Caracas, construida por el maestro de carpintería Juan de Medina, con diez campanas muy sonoras, es testigo del pasar del tiempo caraqueño. Originalmente, esta esquina era muy aristocrática, un lugar muy silencioso y severo, por lo que no gozaba de la simpatía de la mayoría de los pobladores de la ciudad.

La celebridad de esta esquina viene dada porque a pesar de los terremotos que ha sufrido la ciudad esta torre nunca se ha caído, en lugar de ello, cuando quedó inclinada producto de un sismo, volvió a su posición original con otro, quedando este evento como un fragmento muy importante de la historia caraqueña.


ESQUINA SOCORRO

Antes de que se construyeran la avenida Fuerzas Armadas, existía un "puesto de socorro" y por ello adoptó su nombre. Algunos dicen que era por el emblema del dios de Socorro que había sobre la puerta del local, pero no es cierto. Su nombre deriva solamente debido al puesto que una vez existió en ese lugar de la Caracas de ayer. Esto indica a nuestro entender, que los hechos más corrientes suelen ser el origen de un nombre.


ESQUINA EL CUJI

Según cuenta la leyenda, en esta esquina se alojaba un zapatero llamado Carrasquero. Este señor era algo extraño, era como una especie de astrólogo. Él veía señales de muchas cosas que podían suceder, en el movimiento de las estrellas, las ramas de los árboles y hasta en el aullido de los perros. 

Dicen que él tenía visiones acerca de un tesoro enterrado cercas de una mata de cují. Así que decidió hablar con un monje del Monasterio de San Jacinto y preguntarle que podía hacer para localizar con más exactitud el sitio donde estaba el tesoro. 

El monje, para jugarle una broma al señor Carrasquero le dijo que fuera al sótano de la iglesia a la medianoche para que algún espíritu le informase lo que quería saber. 

El señor Carrasquero acudió al sitio a la hora indicada, y efectivamente, le apareció un espíritu quien le dio unas indicaciones absurdas y que casi lo mató del susto. Luego, el monje fue en busca del señor Carrasquero y lo encontró asustado debajo de unas escalinatas. Así que esta graciosa historia lleva el nombre del apacible árbol que le dio sombra al zapatero: El Cují.


ESQUINA ÑA ROMUALDA

En este sitio (hoy cubierto de cemento y por donde pasa una amplia avenida) tiene un origen muy humilde: El de la señora Romualda. Esta señora tenía una pulpería donde servía suculentas comidas, al igual que las bebidas de costumbre. A esta señora se la puede comparar, tal vez, con el Coronel Sanders, en que preparaba y servía un mondongo “como para chuparse los dedos”. Un mondongo que era apreciado par la crema y nata de Caracas, incluyendo el presidente Páez.


(Continuara)

Sopla tus velitas, noble Sultana

Nuestra querida ciudad Capital cumple 448 años desde su fundación y esto nos debe llenar de orgullo tanto para los que nacimos en esta tierra como para los que, por azares del destino, han decidido venir desde distintas partes del país o del mundo a vivir a esta noble ciudad, donde cada calle, plaza, boulevard, urbanismo, caserío, parque o zona popular nos transporta fácilmente a un pasado que se cruza con nuestro día a día de una manera tan profunda y brumosa que el límite entre ambos espacios temporales se difumina hasta el punto de poder perdernos en una espiral entre la Caracas de los techos rojos y la Caracas urbanizada de nuestros tiempos.

Este aspecto no se reserva solamente al centro de la ciudad, donde basta con caminar cerca de la Plaza Bolívar o subir tranquilamente hacia el Panteón Nacional para sumergirnos en el antaño caraqueño, sino que cada punto, así sea el más distante guarda una historia que solo debemos revisar con mucho cuidado para darnos cuenta de su pertinencia y su vitalidad entre un presente que decide devorarse con desdén cada recuerdo de la ciudad, como ocurrió durante cierto tiempo con la Casa del Vinculo, que estuvo presa de los comercios hasta su reciente restauración como espacio histórico de amplio valor para nuestra identidad nacional y caraqueña; dándonos así el compromiso constante de que no debemos bajo ninguna circunstancia que nuestro pasado sea borrado como si fuera una basura inútil en alguna hoja de nuestro cuaderno de estudios, sino darle el valor concreto de aquello que nos sirve como recuerdo permanente de lo que debemos hacer y lo que debemos evitar para tener un futuro promisorio.

Caracas es una ciudad que a lo largo de su historia ha mostrado una metamorfosis impresionante, donde se puede encontrar un fragmento considerable de cada país del mundo con solo revisar con mucha atención, nuestra mezcla va mas allá que el conocido y forzado mestizaje colonial; el caraqueño ha aprendido a convivir en una extraña pero aparentemente perfecta armonía con el estilo cultural y social de cada habitante del mundo, aunque los extranjeros siempre se encontraran con particular confusión un estilo de vida y comportamiento que es imposible comparar con otro país del mundo, por lo que se mantienen en un constante y exhaustivo estudio de campo de como es ser venezolano, o más especifico: ser caraqueño, un sociólogo podría tener material durante toda su vida y sin embargo no lograría englobar lo complejo pero único que significa nuestro gentilicio.

Por esto y mucho más nos debemos considerar afortunados de haber nacido en esta preciosa tierra que siempre muestra su mejor rostro a aquellos que tienen la gallardía o picardía de ver mas allá de la superficialidad que de vez en cuando trastocan su belleza y darse cuenta que la ciudad ofrece una belleza para todos los gustos y que es incapaz de defraudar al visionario más exigente, me parece que ya los caraqueños nos pusimos a la mesa en tu celebración así que no esperes mas, tus 448 años los llevas con orgullo, apaga tus velitas, noble sultana

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Un mensaje viviente



Amanecía un viernes, el primero de agosto, con una emoción que era muy conocida por mi familia: una salida con Gigi, mi novia, hacia la Feria del libro que se llevaba a cabo en el Parque Los Caobos, combinando en una salida dos placeres que inundan tanto mis sentidos como mis deseos casi eternos de ilustrarme de manera integral. La salida estaba pautada para las 9 am, pero como la impuntualidad es uno de los atributos menos atractivos de Gigi, terminamos encontrándonos en la Estación Las Adjuntas como a las 10 y media; después de ello nos dirigimos al andén y entramos rápidamente al último vagón, el cual tenía el privilegio casi milagroso de tener aire acondicionado y pocas personas de pie.

En el transcurso del camino, nuestra conversación se avoco casi por completo a la actualidad del país, lo cual es común tomando en cuenta que mi futura profesión ya comenzaba a empaparme con el deseo casi obligatorio de conocer todo lo que ocurre en mi país y en el mundo, tanto desde mi punto de vista como el de los medios impresos y digitales, ya sean equilibrados o marionetas sin vida de alguna cúpula política. Hoy queríamos romper un absurdo estigma que los medios y las redes sociales han solidificado hasta niveles colosales: que las personas que tienen visiones ideológicas distintas deben tener un odio irracional entre ellos, hasta llegar a los extremos de desear su muerte o la aniquilación de ellos, dependiendo de la visión de cada uno. Pero antes de llevar a cabo esa misión, teníamos que hacer una parada en el centro de Caracas en dirección al IPASME, ya que Gigi necesitaba averiguar para hacerse una cita con el odontólogo para poder extirpar sus cordales, ya que los breakes pedían a gritos más espacio en su boca; una vez llevada a cabo esa tarea, decidimos visitar a su hermana, que había resuelto trabajar en una tienda de mayoristas en la hoyada para tener algo de dinerillo extra y darse uno que otro gusto, justamente aquel día había comprado unos zapatos vinotinto con tacón de color semejante al corcho, que lograban que su estilizada figura superara sin ninguna dificultad a la de su hermana mayor, lo cual genero un bombardeo incesante de chalequeo ante la egoísta glándula pituitaria que no se dignaba en ser un poco más generosa con mi novia.

Gigi buscaba la tarjeta, ya que necesitaba comprar unos útiles, después de ello visito varias tiendas, buscando el mejor producto y el mejor precio, cosas que rara vez se juntaban para formar un matrimonio feliz. Después de varia vueltas logro encontrar sus útiles, aunque tuvo que comprarlos en lugares separados, debido al divorcio casi generalizado de la calidad y los buenos precios en gran parte del centro de Caracas.

Después de esto decidimos ir a la feria del Libro, destino fijado por nuestra misión, que llevamos a cabo desde el momento en que pisamos la avenida Bolívar, lugar poblado de personajes pintorescos quienes con su lenguaje soez, que en sus pobres oídos interpretaban como el más dulce poemario, y su mirada inyectada en deseo buceaban sin la más mínima consideración a mi novia, cosa que encendió mi alarma interna, a pesar de que ella decía casi con cinismo y descaro que ya estaba acostumbrada a dicha situación.

Una vez que pisamos el corredor de ciclistas sin ciclistas que nos llevaría hasta las adyacencias de la feria del libro, pusimos en marcha nuestro mensaje: Gigi se colocó la gorra que identifica a la oposición venezolana y yo me coloque la gorra que identifica a los del partido de gobierno, que era exactamente igual a la anterior, con la sutil diferencia de que poseía un 4F, en el cual se veía la silueta del fallecido presidente Chávez; normalmente la única manera de que las personas conozcan nuestra ideología es cuando nos confrontan en esa temática, pero con esos distintivos era prácticamente evidente las visiones de ambos.

El hecho era sencillo: iríamos a la Feria del Libro, que ese encontraba en los espacios del Parque los Caobos, con estos “distintivos”, lo cual generaría una que otra mirada o sutil comentario al ver a dos personas con esa “barrera ideológica” totalmente destruida por los dulces comentarios y el cariño característico de cualquier pareja. Al llegar a la Feria, las personas, más allá de mirarnos con alguna muestra sutil de asombro, se comportaban de manera normal, mientras veían libros, compraban uno que otro título interesante o formaban parte de los foros y toldos especiales, donde emisoras radiales ofrecían su espacio para que los usuarios de la feria compartieran sus experiencias en la feria, lo cual me daba la inmediata percepción de que ese estigma era solo una ilusión de las redes sociales o de los más rancios representantes de ambos extremos de la ideología venezolana; claro que de vez en cuando al pasar por algún puesto, uno que otro vendedor me tomaba de la mano, me escrutaba un cálido “camarada”, me mostraba algún repertorio de sus libros y me daba una breve pero muy interesante clase de geopolítica internacional o me mostraba las bondades de algunos libros para aumentar mi sapiencia izquierdista. Buscaba con mucho detenimiento algún libro del conocido periodista Earle Herrera, sin tener mucho éxito en primera instancia, cosa que me indigno tomando en cuenta que era el escritor homenajeado en dicha feria, titulo bien merecido ya que como periodista, escritor y poeta mostraba una lucidez y seriedad impecable.

En lo que respecta a Gigi, su búsqueda era por libros más técnicos, relacionados más directamente a su profesión de enfermería o en algún idioma en el que la fluidez en que lo manejaba hacia que desde mi percepción comprar esos libros era innecesario, pero este humilde mortal no le iba a negar a otro mortal su necesidad de pulirse en su manejo del inglés.

La única anécdota que podría nombrar dentro de la Feria fue una muchacha que se nos quedó viendo por unos breves momentos con una mirada de indignación, lo cual me llevo a una encrucijada mental: ¿le extrañaba que yo estuviese con ella o que ella estuviese conmigo?, una reacción que tenía bastante mentalizada, aunque me alegro de que fue la única, ya que eso me demostró que los verdaderos cultos no se dejan llevar por el absurdo estigma mediático que riegan como semillas de Monsanto en el entorno digital con el único fin de contaminar el agradable entorno de las redes.

Una vez que veníamos de regreso, tuvimos que hacer una parada técnica en Artigas para buscar una impresora, que llevaba varios días en mantenimiento, en los cuales perdimos unos cuantiosos negocios de impresión, y por fin estaba lista para volver a dar un sutil apoyo económico a mi hogar; al volver a la estación, paso un señor de avanzada edad hablando con otras personas y en su conversación lanzo una punta muy certera a mi o al menos lo que, gracias a mi distintivo posado en mi cabeza, representaba en ese preciso instante, decidí ignorarlo ya que su opinión era tan vacía como las personas que me critican en las redes sociales con unas palabras rebuscadas y argumentos complicados que ni ellos mismos entienden con el fin último de parecer cultos aunque en el fondo sea la pataleta trivial de quien no quiere perder una discusión.

Una vez que llegamos a Las Adjuntas, nos fuimos a nuestras respectivas casas, con la firme convicción de que fuimos de una u otra manera un mensaje viviente del ideal de sociedad venezolana, una que discute sus diferencias con respeto y sin olvidar la amistad o la relación a pesar de tener visiones totalmente distintas, que no existe peor crisis en Venezuela que la que nos hemos creado con nuestros propios compañeros venezolanos, que despreciamos, menospreciamos, difamamos, calumniamos, odiamos e incluso deseamos su muerte por la absurda excusa de que no piensa igual a ti, esta visión no solo trastoca la visión del país en el exterior, sino que empeora nuestra situación social, económica y política, ya que todos nuestros problemas comienzan con el hecho palpable de no entendernos y despreciarnos por nuestros ideales.

El verdadero cambio, la verdadera solución, la única “salida” que existe en nuestro país para este estúpido trance es que los venezolanos dejemos de vernos como “dos mitades” y comencemos a llamarnos “venezolanos” donde las diferencias de ideales, más allá de separarnos sean el motor principal de las sanas discusiones que deben velar por el mejoramiento en todo aspecto de este país que, aunque algunos me digan lo contrario, es uno de los mejores que existen en el mundo para vivir

(Aunque ya no es mi pareja, el aprecio que le tengo es muy grande, gracias por formar parte de esta cronica)

Reportaje con motivo del Aniversario de Caracas

Caracas cumple 447 años y desde lo mas profundo de mi amor a Caracas traigo este reportaje hecho por mi persona con el fin de promover el disfrute de los espacios públicos de esta gran ciudad. Disfrútenlo


Un habitante bajo nuestros pies



Dicen que cuando le extraordinario se hace cotidiano, significa que las cosas se están llevando con buen pie, y nuestra ciudad no es la excepción. Caracas, aunque sea pequeña, en tiempos de antaño recorrerla en toda su extensión resultaba un poco complicado; solo aquellos con vehículos se podían dar ese lujo sin ningún problema. Pero un día nació una brillante idea: crear un sistema de transporte masivo que conectara a toda la ciudad entre sí, lo cual beneficiaria a todos los habitantes caraqueños en su cotidianidad.


Fue un 2 de enero de 1983, en el gobierno del Dr. Luis Herrera Campings, cuando se dio el primer paso para consolidar dicho medio de transporte, el cual sería conocido hasta nuestros días como Metro de Caracas. Este sistema fue expandiéndose paulatinamente, al mismo tiempo que se crearon sistema de transportes alternativos (Metrobus, MetroCable, Sistemas Ferroviarios, Cabletren) para cubrir casi de manera completa loas exigencias en materia de transporte de los caraqueños.


En la actualidad, este medio de transporte ha sufrido de manera gradual los estragos de un crecimiento demográfico muy acelerado, lo cual afecta en gran medida el funcionamiento eficaz del Metro, ya que su construcción no fue prevista para una demografía tan grande como la que ha surgido en los últimos 10 años, provocando un rutinario embotellamiento en las estaciones principales en horas pico (6:00 am; 12:00pm; 6:30 pm)


Dentro de las soluciones de transporte en la Gran Caracas, El metro se posiciona como el medio por excelencia, pero la cultura de nuestros habitantes dentro de él debe cambiar para que dicha experiencia sea comoda y placentera y no una continua escaramuza entre los que quieren y salir y los que pretenden entrar en dicho medio de transporte