Si existe algo que identifica a nuestra ciudad es que nunca deja de sorprendernos, nuestro día a día en nuestra querida sultana nos hace saber que lo atípico y exótico se puede volver cotidiano y, para sorpresa de muchos, ser reconocido fuera de ella. Este es el caso de un curioso espacio que se encuentra muy cercano al centro de la capital: La Torre de David; aquellos que viven por la Av Andrés Bello y sus adyacencias conocerán muy bien este particular edificio, ¿Qué lo hace tan particular? Basta con fijarse en su fachada para darse cuenta: literalmente es una barriada dentro de un edificio, paredes de bloque cubren los espacios ruinosos e incompletos del imponente edificio y las personas que allí habitan manejan un complejo sistema organizacional, buscando el bienestar de sus habitantes con microeconomía vecinal y apoyo colectivo en el mantenimiento del lugar.
Aunque no siempre tuvo ese aspecto, es más, pretendía traer progreso y revalorización a toda el área circundante.
Cuando se comenzó a construir, alrededor de 1985, se tenía la visión de que albergaría El Banco Metropolitano y el Grupo Financiero Confinanzas; pero, debido a una grave crisis económica en 1994, la torre se paralizo, quedando concluida en un 70% y cedida a FOGADE, sin darle mayor observación ni impulsar su culminación de allí en adelante.
A partir del año 2000, la torre comenzó a deteriorarse, convirtiéndose en un decrepito e imponente gigante de metal, vidrio y acero que, más allá de traer la modernización que fue prometida por sus constructores, se transformó en un problema de proporciones épicas, trayendo calamidades a los habitantes adyacentes a la torre, ya que los escombros y los vidrios caían continuamente, representando un peligro y una molestia para la comunidad.
A partir del año 2007 distintas familias, carentes de un hogar digno, decidieron invadir este edificio y convertirlo en su hogar, promoviendo la culminación de la construcción de una manera rudimentaria y reestructurando la torre a favor de sus necesidad hasta el punto en el que se encuentra hoy día: un barrio vertical, una ciudad que vence la desidia de una estructura inservible y la convierte en un hogar bastante complejo.
Este curioso espacio ha dado de que hablar en otros lugares del mundo, en especial de los directores del Bienal de Arquitectura de Venecia, el cual le entrego el León de Oro al, llamado así, proyecto “Torre David- Gran Horizonte”, ya que representa una revolucionaria idea, denominada como el “fracaso del neoliberalismo y la autopromoción de los pobres” quienes encontraron en este ruinoso edificio una idea de cómo promocionar las comunidades urbanas desde nuestros propios defectos.
Este premio ha sido tema de polémica en nuestro país ya que, aunque se reconozca una manera muy particular de crear comunidades urbanas, al mismo tiempo representa una forma de destacar un modelo reduccionista, planteando como ejemplo de urbanismos una estructura rudimentaria y con los diversos defectos de las barriadas caraqueñas.
Pero no seré yo quien juzgue este atípico lugar, ya que la visión de este edificio es tan polémica como ambigua, mientras unos ven innovación, otros ven un deforme esqueleto de concreto y metal ocupado por la indigencia
Allí les dejo esta interrogante: Torre de David ¿Innovación o Deformidad Arquitectonica?
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